“Un senador griego de Asia Menor, nombrado
gobernador en tierras del Danubio, sentía
lástima de sí mismo: Los habitantes de esta
región […] viven la existencia más miserable del
género humano-escribía-, puesto que no
cultivan olivos y no beben vino”.
(Hacia el año 200 d.C.)
PETER BROWN
“El mundo en la Antigüedad Tardía”
El cultivo del olivo y la producción de aceite de oliva aparecen ya en el quinto milenio a.C. en distintas zonas de la antigua Mesopotamia y el Mediterráneo oriental. En los siguientes milenios experimenta una continuada expansión que se extiende a lo largo del litoral mediterráneo, llegando hasta la península ibérica. Pero no será hasta la época romana cuando su producción se convierta en una de las principales fuentes de riqueza y explotación agrícola de la península Ibérica. De esta manera, muchas localidades contaran con un molino oleario (torcularium) que producirá aceite de oliva de distintas calidades y usos. Por consiguiente, esta actividad experimentará un avance significativo en el desarrollo del proceso de especialización productiva basado en el cultivo del olivar.
Las almazaras compuestas por este tipo de artilugios se sitúan entre la época romana y el siglo XIX. El primer tercio del siglo XIX es testigo del lento desmantelamiento y la desaparición de todas estas industrias tradicionales, por un cúmulo de circunstancias como: la desamortización del siglo XIX, el final del monopolio de los señoríos (eclesiásticos y/o laicos) en vigor desde la Edad Media, el ferrocarril, la electricidad y la nueva siderurgia (aparición de los sistemas hidráulicos de presión a principios del siglo XX).
El Torno de aceite de Roda de Isábena
Los restos de este conjunto preindustrial del siglo XIX (1872), que perteneció a la “Sociedad del Molino Oleario de Roda”, fundada por 29 casas de dicha localidad en 1878, dan muy buena muestra de las condiciones de vida y de trabajo de estas gentes. Por ello, el estudio y conservación del patrimonio industrial y arquitectónico de estos restos, no sólo nos lleva al análisis de los modos de producción entonces vigentes, sino que también nos ayuda a entender mejor el contexto socioeconómico del medio rural ligado al desarrollo y vertebración de todo su territorio asociado a una diversa flora y fauna. Por lo tanto, este espacio fabril se convierte en una de sus señas de identidad cultural.
Los antiguos tornos o almazaras como centro de explotación para la obtención y producción del aceite contaban con una serie de mecanismos y elementos que apenas evolucionaron desde la época romana hasta el siglo XIX. Entre los más importantes destacar el propio edificio que contenía el molino de tracción animal (tracción de sangre) para la moltura de la oliva, la prensa de viga y libra para el prensado de la pasta, las pilas (depósitos) para la decantación de los líquidos obtenidos después del prensado, el infierno para el almacenaje del aceite, el pozo o aljibe para el abastecimiento de agua y la fogaña para calentar el ambiente y hervir el agua que escaldaba la pasta triturada.
La prensa de viga y libra era sin duda alguna la pieza fundamental dentro del molino aceitero y su funcionamiento se basaba en el sistema de palanca. Su viga central de sección rectangular decreciente estaba formada por varias piezas de madera (habitualmente cuatro) ensambladas mediante abrazaderas de hierro y cuerdas. Su longitud podía variar entre doce y quince metros aproximadamente. La guiadera colocada a una distancia equidistante entre los dos extremos de la viga, evitaba el desplazamiento lateral cuando se encontraba en pleno funcionamiento y permitía el descanso sobre la lavija al finalizar su actividad. La capilla situada en la cabeza de la viga actuaba como contrapeso cuando se iniciaba el trabajo de prensado con el giro del fusillo. A medida que se enroscaba en el caracol o caracola, la resistencia de la libra adosada en la parte inferior hacía bajar el pie de la viga. Durante el progresivo descenso, el marrano presionaba la torre de esteras cargadas con la pasta de molturación sobre la regaifa y los líquidos resultantes (aceite y morqueta) comenzaban a fluir.
El sistema tradicional para la obtención del aceite se iniciaba con la recolección del fruto en el olivar durante los meses de invierno. Las aceitunas se cribaban en el aventador y una vez limpias de restos vegetales e impurezas se transportaban hasta el torno de aceite por número de sorteo. La cosecha se depositaba en los algurines o algorines (depósitos de almacenaje) a la espera del turno de molturación. Los ayudantes siguiendo las instrucciones del maestro tornero las iban colocando sobre la basa (base) de la muela (molino) para que la mola o ruello (piedra de moler de forma cilíndrica) accionado por caballerías (tracción de sangre) las triturase. La pasta obtenida se calentaba en un depósito cerca de la fogaña o fogón y se introducía en las esteras o capachos circulares de esparto, que se ordenaban verticalmente sobre la regaifa. Una vez completado un pie de carga (330 kilos), la cabeza de la viga se fijaba entre los dos matrazos o vírgenes de la capilla por medio de una serie de trabones (clavijas). A continuación, los husilleros (mozos o ayudantes) comenzaban a girar el fusillo (tornillo) de aproximadamente unos seis o siete metros de altura por medio de las dos bigarras de madera (barras) que lo atravesaban en su base. El giro continuo lo enroscaba en el caracol (tuerca) situada sobre el pie de la viga. Su extremo inferior al estar unido a la libra de piedra (contrapeso) de alrededor de unos tres mil quinientos kilos, hacía descender la prensa y el marrano presionaba las esteras. El líquido se canalizaba hasta las pilas de piedra colocadas de manera sucesiva y de forma escalonada. Por decantación se separaba el aceite limpio de la morqueta, alpechín o oliassa (agua e impurezas de la propia pasta) y de los restos sólidos que pudiesen contener. El aceite limpio y reposado se trasvasaba al infierno (trujal) y mediante tinajas, cántaros o cueros de pellejo de cabra se transportaba o comercializaba como producto final. Por cada pie de carga se obtenían alrededor de unos sesenta y ocho litros de aceite.
El proceso descrito anteriormente se volvía a repetir por segunda vez con la piñola, sansa o cospillo (orujo) contenido en las esteras y fruto del primer prensado, ya que aún poseía cierta cantidad de aceite. El pie se deshacía y a medida que se iba levantando, cada estera se se escaldaba con agua hirviendo. La nueva torre de carga se volvía a prensar para recuperar el aceite restante, pero en este caso de peor calidad.
El tiempo de molienda se establecía en función de la cantidad de aceituna que contenían los olivares centenarios. La jornada de trabajo era continua y se prolongaba durante un día completo dividido en tres turnos de ocho horas. Cada turno dedicaba seis horas para la primera prensada y dos para la segunda.
El ambiente en estos espacios solía ser denso y oscuro, a causa del intenso calor y olor a aceite, que se veía incrementado por la fermentación de las olivas apiladas en los algurines y por la continua cremación de la piñola en las fogañas y los cresols (candiles).
*Descripción imagen de Posiciones de funcionamiento de una prensa de viga y libra
Figura A: Posición de reposo de la prensa. La cabeza de la prensa se encuentra fijada en la capilla con los trabones, equilibrada con el caracol en los pies y apoyada sobre la lavija de la guiadera.
Figura B: Posición para formar el pie de carga. Se retiran los trabones de la capilla y el giro del fusillo mediante las bigarras hace que el pie de la prensa descienda. La lavija permite que bascule y su cabeza ascienda hasta tocar el techo de la capilla. En este momento se ordenan verticalmente las esteras rellenas de la pasta sobre la regaifa.
Figura C: Posición previa al prensado. El fusillo se gira en sentido contrario y hace subir el pie de la prensa, de tal manera que la cabeza baja hasta tocar la base de la capilla al bascular sobre la lavija. A continuación, se colocan los trabones en los matrazos de la capilla para dejarla fijada.
Figura D: Posición de prensado. Se retira la lavija y se comienza a girar el fusillo para que el pie de la prensa descienda. El marrano situado en el intradós de la viga ejerce presión sobre las esteras y el líquido resultante (aceite y morqueta) comienza a fluir. El zumo se recoge en la regaifa y se canaliza hasta las pilas de decantación. A medida que avanza el proceso, la presión ejercida sobre el pie de carga aumenta, ya que la libra genera mayor resistencia a que sea elevada desde el forat por estar la cabeza de la prensa fijada en la capilla.
BIBLIOGRAFÍA
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- PALLARUELO, S. Los molinos del Alto Aragón. Colección de Estudios Altoaragoneses. Instituto de Estudios Altoaragoneses. Diputación de Huesca. Huesca, 1994.
- VV.AA. Historia del aceite del Bajo Aragón. El impacto de una actividad milenaria en la economía, el patrimonio y el paisaje. Al-Qannis Taller de Arqueología de Alcañiz. Nº15. Alcañiz, 2024.
- VV.AA. Temas de arqueología aragonesa. Nº29. Instituto Aragonés de Antropología. Zaragoza, 2023.
En el primer trimestre de 2026, se han procedido a realizar labores de conservación y restauración de la estructura actual por la empresa ARTESA.
Dichas actuaciones se han sido subvencionadas por la Comarca de la Ribagorza para la recuperación, promoción y difusión del patrimonio cultural. Fondos dentro del marco del Plan de recuperación, transformación y resilencia de la Comunidad Europea.